Maximiano Trapero: "El Rancho de Ánimas de Canarias no tiene parangón con los peninsulares y sin embargo es muy poco conocido"

El catedrático de la ULPGC recordó que este culto a los muertos solo pervive como tal en Teror y Valsequillo

La Carta Etnográfica de Gran Canaria tiene casi 10.000 bienes registrados que, “si no se usan, se deterioran”

El catedrático de Filología Hispánica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Maximiano Trapero, inauguró ayer la última jornada del II Campus Universitario de Etnografía y Folklore de Canarias de la ULPGC, que se celebra en el marco del XX Festival Internacional de Folklore de la Villa de Ingenio bajo el título ‘Turismo y tradición’, con una conferencia sobre los Ranchos de Ánimas de Canarias.

Maximiano Trapero se confiesa impresionado por este culto a los muertos que lleva estudiando desde hace años y que “no tiene parecido ninguno con el resto de manifestaciones culturales de Canarias”. “Quien haya asistido en vivo a una manifestación folklórica como ésta, no la olvidará nunca”, aseguró el catedrático quien explicó que, “de todas las tradiciones, el Rancho de Ánimas de Canarias no tiene parangón con los que se celebran en la Península y sin embargo es muy poco conocido”.

Las Rondas de Ánimas y las Cofradías de Ánimas de varias localidades peninsulares “nada tienen que ver con los Ranchos de Ánimas de Canarias”. Entre otros aspectos, cabe destacar que se diferencian en la métrica, aunque por lo general subyace en ellos el mismo sentido, es decir, “ir cantando y pidiendo limosna para llevarla a la parroquia y que después revierta en el purgatorio de las almas”.

Este culto a los muertos que las culturas modernas están diluyendo, solía estar vinculado a la religión. “Los ranchos tienen una fe inconmovible, sus miembros sufren por seguir las tradiciones de sus antepasados porque creen firmemente en lo que dicen. No importa tanto el efecto artístico, como el fondo que se persigue, el espiritual, el de no olvidar”. Trapero opinó que ni las voces de los Ranchos de Ánimas son buenas, ni tocan bien, ni siquiera funcionan bien como coro “y sin embargo producen un efecto que impresiona”.

Quizás influya el hecho de que sus componentes suelen ser hombres mayores, sin una vestimenta especial y anónimos, “lo que convierte a los ranchos en uno de los mayores arcaísmos”. “Hoy en día sí podemos encontrar alguna mujer, pero no era lo habitual”, aclaró. También la forma de los cantos y las métricas ofrecen una sensación especial, ya que normalmente es un solista el que dice sus versos y el coro los repite de manera peculiar.


“La estructura métrica tan compleja que se utiliza llamada ‘zéjel’ no existe en ningún otro lugar de España, ha desaparecido del panorama español y sin embargo se sigue practicando en los Ranchos de Ánimas de Canarias”.

Maximiano Trapero recordó los Ranchos de Ánimas que aún quedan en la Isla, siendo los de Teror y Valsequillo los únicos que perviven con su forma original y con renovación de repertorio. También existe uno en La Aldea de San Nicolás, que desapareció después de la Guerra Civil española, pero que recientemente ha vuelto a reaparecer aunque con un repertorio muy limitado.

Otros lugares tienen o han tenido Ranchos de Ánimas, también Ingenio, municipio al que invitó a recuperar esta tradición a través de la Asociación Cultural Coros y Danzas, que en el día de La Virgen de Candelaria, canta una melodía del Rancho de Ánimas.

Tras la ponencia de Maximiano Trapero, el licenciado en Historia y en Antropología Social y Cultural de la ULPGC, Francisco Mireles, explicó cómo fue confeccionada la Carta Etnográfica de Gran Canaria. Se trata de una base de datos de los bienes etnográficos que existen en la Isla, “construcciones levantadas en su época por personas anónimas” y que aún perduran.

Se realizó así un inventario del patrimonio inmueble etnográfico de la Isla, tomando como fundamentación la Ley de Patrimonio Histórico de Canarias, aunque restringiéndolo a las actividades económicas y excluyendo las viviendas unifamiliares -sí se incluyeron conjuntos de viviendas-, la arquitectura oficial y la religiosa, ya contempladas en un inventario del Gobierno de Canarias.

El trabajo de campo lo realizaron historiadores y geógrafos que basaron sus investigaciones en los testimonios de antiguos alcaldes, carteros, párrocos... Gracias a esas investigaciones se realizaron unas fichas y se completó un inventario de patrimonio inmueble etnográfico con casi 10.000 bienes registrados, de los que los hidráulicos suponen más del 50%, mientras que los bienes agrícolas superan el 33% y los ganaderos (pastoreo) poco más del 2%.

“Gran Canaria es la única isla que tiene completo este inventario”, aseguró Mireles quien destacó la importancia de que toda la información recogida en la Carta esté a disposición de los ciudadanos en la web de la Fundación para la Etnografía y el Desarrollo de la Artesanía Canaria (Fedac), www.fedac.org.

Francisco Mireles cree firmemente en que “el patrimonio inmueble sirve como seña de identidad y de paisaje etnográfico” y subrayó “la variedad y riqueza del extenso patrimonio hidráulico de la Isla”. En su breve recorrido por algunos de estos inmuebles recogidos en la Carta Etnográfica de la Isla, Mireles destacó los “efectos colaterales” del trabajo de campo al hacer el inventario: “la generosidad de las personas y la amabilidad de los entrevistados”.

Para finalizar su intervención hizo hincapié en que el patrimonio etnográfico “requiere un mantenimiento que solo es posible con su uso; si se usa se mantiene, si no se va deteriorando”.